Escribe: JOSE PEPE SBATTELLA

Recursos naturales, finanzas, tecnología y comunicación son hoy campos centrales de una disputa global que también atraviesa a Brasil y Argentina.

El mundo atraviesa una etapa de fuerte confrontación geopolítica. Las guerras de Ucrania y Medio Oriente expresan la dimensión militar de una disputa que, sin embargo, excede ampliamente los campos de batalla.

Existe otra forma de confrontación: la guerra híbrida. En ella se combinan instrumentos militares con mecanismos económicos, financieros, tecnológicos, judiciales, comunicacionales e ideológicos.

Para América Latina, esta disputa tiene una importancia particular. La región posee recursos naturales estratégicos, alimentos, energía, minerales y capacidades científicas que adquieren un valor creciente en un mundo signado por la competencia entre grandes potencias.

Los cinco campos de la disputa

La primera dimensión son los recursos naturales: petróleo, gas, litio, oro, minerales estratégicos, agua y alimentos. Argentina posee una importante dotación de varios de ellos.

La segunda es el poder financiero: divisas, crédito, reservas, oro y movimientos internacionales de capital. Controlar los recursos naturales implica también disputar quién se apropia de las rentas que generan y dónde terminan.

La tercera es la tecnología. Argentina tiene una trayectoria relevante en materia nuclear, científica y tecnológica. La historia del Proyecto Cóndor constituye un antecedente de las tensiones que pueden producirse alrededor de tecnologías estratégicas.

La cuarta dimensión corresponde a las capacidades militares estratégicas, incluidas aquellas vinculadas con tecnologías de uso dual.

La quinta es la comunicación. Los grandes medios poseen capacidad para instalar agendas, construir interpretaciones y condicionar el debate sobre el papel del Estado, el mercado y la soberanía económica.

Estos cinco campos están estrechamente relacionados. En conjunto forman parte de una disputa por el poder y por la capacidad de los Estados para decidir sobre sus propios recursos.

Brasil: una experiencia a observar

En este escenario, Brasil ocupa un lugar central.

El gobierno de Lula combina políticas sociales, intervención estatal y fortalecimiento del mercado interno dentro de una economía capitalista.

La recuperación del salario, la reducción del desempleo y programas como Bolsa Família buscan mejorar los ingresos de los sectores populares. Estos ingresos, al transformarse rápidamente en consumo, también pueden contribuir a dinamizar el mercado interno.

Pero existe una contradicción: las tasas de interés elevadas pueden estimular la rentabilidad financiera y, al mismo tiempo, limitar la inversión productiva.

Aparece así una disputa que atraviesa a toda economía:

¿el excedente se orienta hacia la valorización financiera o hacia la producción y la inversión?

Brasil también muestra que la capacidad de un gobierno depende de su relación con el Congreso. Lula necesita construir acuerdos con una coalición amplia para sostener sus políticas.

El componente judicial

La experiencia brasileña también permite observar otra dimensión de la disputa política: el papel de la Justicia.

El proceso que llevó a Lula a prisión y le impidió competir electoralmente en 2018 fue caracterizado por sus críticos como lawfare. Posteriormente, el Supremo Tribunal Federal anuló las condenas por razones relacionadas con la competencia del tribunal que lo había juzgado, lo que permitió su recuperación de los derechos políticos.

Más allá de las diferentes interpretaciones sobre aquel proceso, el caso muestra que las instituciones judiciales pueden tener consecuencias decisivas sobre la competencia política.

La pregunta argentina

Para Argentina, el problema central aparece cuando se analiza el excedente económico.

No alcanza con preguntarse cuánto produce un país. Hay que preguntarse también:

¿Quién se apropia del excedente y cuál es su destino?

Existen dos circuitos posibles.

Producción → excedente → inversión → empleo → salarios → mercado interno → nueva producción.

O bien:

Producción → excedente → valorización financiera → fuga de capitales → acumulación en el exterior.

Argentina posee petróleo y gas, litio, oro, minerales, alimentos y agua, además de capacidades científicas y tecnológicas. La cuestión estratégica consiste en determinar bajo qué condiciones esos recursos pueden transformarse en desarrollo.

Por eso, el debate sobre deuda y fuga de capitales no puede separarse del debate sobre los recursos naturales y la apropiación del excedente.

Brasil y Argentina

Brasil y Argentina tienen estructuras económicas diferentes, pero comparten una pregunta fundamental:

¿Qué destino tiene la riqueza que producen?

La experiencia brasileña permite observar un modelo que procura utilizar parte de los recursos disponibles para sostener ingresos, consumo y mercado interno, aunque también enfrenta límites derivados de su estructura financiera y política.

Argentina enfrenta, además, una larga historia de endeudamiento externo y fuga de capitales.

Por eso, la cuestión no es solamente cuánto produce la Argentina, cuánto exporta o cuánto capital extranjero ingresa.

La pregunta decisiva es:

¿Cuánto del excedente generado permanece en el país y se transforma en inversión, producción y desarrollo?

La disputa de fondo

La guerra híbrida no se libra solamente con armas.

También se disputa el control de:

los recursos naturales, las finanzas, la tecnología, las capacidades estratégicas, la información y el excedente económico.

Para América Latina, y particularmente para Argentina, la cuestión de fondo es la capacidad de decidir sobre esos recursos y sobre el destino de la riqueza producida.

El desafío no consiste solamente en crecer.

Consiste en determinar para quién se crece, quién controla el excedente y dónde se reinvierte.

Porque detrás de la disputa geopolítica aparece una pregunta esencialmente económica y política:

¿Quién controla la riqueza que produce un país y decide qué hacer con ella?

Lic. José A. Sbattella
jsbattella@gmail.com