Escribe José Pepe Sbattella
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Si por “derrota de EE.UU.” nos referimos al resultado estratégico que está produciendo la guerra de 2026 —y no a una derrota militar convencional de las fuerzas estadounidenses—, el avance de Irán y de los hutíes representa un importante revés para la estrategia norteamericana en Medio Oriente.
Al 13 de septiembre de 2026, los hutíes han avanzado por la costa del mar Rojo, tomado Moca y varias islas estratégicas, y se han aproximado/controlado posiciones sobre el Bab el-Mandeb, el estrecho que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.
1. El punto central: EE.UU. no consiguió imponer el control de los corredores estratégicos
Washington enfrenta ahora una situación muy complicada:
• Irán presiona sobre Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba aproximadamente una quinta parte de los envíos mundiales de energía.
• Los hutíes presionan sobre Bab el-Mandeb, puerta meridional del mar Rojo.
• De esta manera, dos estrechos estratégicos quedan sometidos simultáneamente a la capacidad de presión del eje Irán-hutí.
Esto es mucho más importante que la pérdida de una posición militar concreta.
Significa que EE.UU. no puede garantizar por sí solo la libertad de navegación y el flujo energético mundial en una región donde durante décadas ejerció una enorme superioridad militar.
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2. La paradoja militar
Aquí aparece una cuestión que parece particularmente importante para su análisis sobre hegemonía y relaciones de poder.
EE.UU. posee una superioridad militar enorme frente a Irán y, mucho más aún, frente a los hutíes.
Pero esa superioridad no se transforma automáticamente en capacidad de control político.
Los hutíes han demostrado algo semejante a una estrategia de “guerra asimétrica de estrangulamiento”:
No necesitan destruir a la Armada estadounidense.
Les alcanza con hacer suficientemente costoso e inseguro el tránsito marítimo.
Ya lo habían demostrado desde 2023. Los ataques hutíes obligaron a numerosos buques a evitar el mar Rojo; ahora el control territorial de la costa y de las islas les proporciona una posición mucho más favorable.
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3. Irán obtiene una profundidad estratégica extraordinaria
Éste es quizás el aspecto geopolítico más importante.
Irán no necesita controlar directamente Yemen.
Tiene un aliado local —los hutíes— que puede ejercer presión sobre una segunda arteria energética mundial.
Por eso podemos esquematizar:
IRÁN
→ Estrecho de Ormuz
→ Golfo Pérsico
→ petróleo y gas
HUTÍES
→ Bab el-Mandeb
→ Mar Rojo
→ Canal de Suez
→ petróleo y comercio Europa-Asia
El resultado es que Irán puede condicionar simultáneamente dos corredores marítimos estratégicos sin necesidad de desplegar una flota iraní equivalente a la estadounidense.
Esto es un enorme cambio en la relación costo/beneficio de la guerra.
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4. El problema pasa ahora a Arabia Saudita
Aquí aparece una consecuencia particularmente delicada para Washington.
Arabia Saudita depende de la seguridad de sus exportaciones petroleras y había confiado durante décadas en la protección estadounidense.
Pero ahora los hutíes amenazan también las rutas alternativas de exportación saudí.
Reuters señala que el avance hutí incrementó la presión sobre las exportaciones de petróleo saudíes y está llevando a los países del Golfo a considerar incluso una mayor negociación directa con Teherán, ante las dudas sobre la capacidad o voluntad estadounidense de resolver militarmente el problema.
Esto tiene una enorme significación:
los aliados de EE.UU. comienzan a buscar mecanismos propios de seguridad regional.
Y eso es un indicador clásico de pérdida de hegemonía.
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5. El efecto sobre el petróleo es mundial
La estrategia funciona porque no es necesario bloquear completamente el petróleo.
Basta con aumentar el riesgo.
Más riesgo marítimo → seguros más caros → rutas más largas → menor oferta efectiva → petróleo más caro.
El Brent ya volvió a superar los US$100 por barril en el contexto de los avances hutíes.
Por eso la guerra deja de ser exclusivamente una cuestión de Medio Oriente.
Afecta:
Irán → Yemen → Arabia Saudita → petróleo → Europa → Asia → EE.UU.
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6. ¿Es entonces una derrota de EE.UU.?
Una distinción importante:
Derrota militar estadounidense: NO necesariamente.
EE.UU. conserva una enorme superioridad aérea, naval, tecnológica y financiera.
Derrota estratégica parcial: SÍ, y es significativa.
Porque Washington buscaba que su superioridad militar produjera:
disuasión → control de las rutas → seguridad de los aliados → estabilidad energética.
Y está ocurriendo algo diferente:
intervención militar → resistencia iraní → activación hutí → interrupción de rutas → aumento del petróleo → presión sobre aliados → necesidad de negociar.
Eso es una pérdida de eficacia de la hegemonía militar estadounidense.
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7. El aspecto histórico más profundo
Hay algo todavía más interesante.
Durante décadas, la doctrina estadounidense descansó en la capacidad de controlar los “chokepoints” —puntos de estrangulamiento— del comercio mundial.
Ahora aparecen actores relativamente pequeños capaces de convertir esos mismos puntos en instrumentos de presión contra EE.UU.
Es una inversión de la lógica:
Antes:
EE.UU. controla el estrecho → controla el comercio.
Ahora:
Un actor regional puede amenazar el estrecho → obliga a EE.UU. a asumir costos enormes para garantizar el comercio.
Y esto modifica la relación entre potencia militar y poder económico.
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8.Vision geopolítica.
Irán está demostrando que una potencia regional puede desafiar a EE.UU. no intentando igualarlo militarmente, sino utilizando la geografía, los recursos energéticos, aliados regionales y guerras asimétricas para aumentar el costo de la hegemonía estadounidense.
Y los hutíes cumplen una función decisiva dentro de esa estrategia.
No son simplemente “un grupo armado apoyado por Irán”. En términos geopolíticos, son un multiplicador de poder iraní.
La situación actual muestra además que el problema estadounidense no es solamente Irán: es la posibilidad de que Rusia, China, Irán y otros actores regionales aprendan que la superioridad militar estadounidense puede ser neutralizada mediante la transición desde un orden unipolar hacia un sistema multipolar.
En una frase:
La importancia de la derrota estadounidense no está en que EE.UU. haya sido militarmente vencido, sino en que no pudo convertir su superioridad militar en control político del territorio, de los aliados ni de las rutas estratégicas.
Y eso, desde el punto de vista de la hegemonía, es mucho más importante que perder una batalla.
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