El fenómeno de la fuga de capitales se presenta en todos los países con distinta intensidad, en la Argentina se ha instalado desde mediados de los años setenta, convirtiéndose en un problema estructural que no permite al país mantener un crecimiento sostenido e inclusivo.

El gobierno macrista a partir del inicio de su gestión liberalizó las importaciones y la liquidación de dólares de exportadores, la compra-venta de dólares en términos de requisitos, plazos y montos, generando la incidencia negativa del giro de utilidades y dividendos de las multinacionales. Además, se dinamizaron la salida de divisas por “Viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta” y los pagos de intereses por la nueva deuda externa. Estos factores fueron detonantes del incremento explosivo del déficit de la balanza de cuenta corriente, por lo que esta crisis era previsible.

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