Marco politico. Julio 2018.

En la mitología griega, Sísifo, rey de Eritrea, es castigado por los dioses a llevar una gigantesca piedra hasta la cima de una montaña. Una vez alcanzada la meta, la piedra cae nuevamente hasta la base y él debe volver a subirla. Así, el castigo se repite por toda la eternidad.
Actualmente, el pueblo argentino vuelve a tener que soportar la caída de la piedra y deberá volver a subirla.
Los dioses lo han vuelto a castigar con el retorno del FMI. Comienza así la subida de una pendiente donde las consecuencias son inevitablemente dañosas para las mayorías populares.
El camino es arduo, al principio, a causa de las razones por las cuales se llega a pedir la asistencia a este organismo. Luego, por el conflicto político y social que significa la aplicación de sus condiciones. Finalmente, porque como Sísifo, al llegar a la cima (es decir, al salir del cepo del FMI), se debe empezar la reconstrucción y esperar que la historia no se vuelva a repetir. La pregunta inevitable es si hay probabilidades ciertas de poner fin al castigo.
En ese punto es donde debe centrarse el análisis. Se conocen por experiencia los efectos de vivir el “Mundo FMI”. Las consecuencias costaron 30.000 desaparecidos y la venta de buena parte del patrimonio público (las joyas de la abuela), en los años ‘90. El ciclo terminó en el 2001, con el default de la deuda externa, 24% de desocupados, más de 30 muertos en la lucha callejera para echar a un presidente inútil.
La administracion Macri hizo en 25 meses lo que el proceso anterior demoró 25 años: pedir un blindaje al FMI (30.000 millones de dólares en el año 2000, 50.000 millones en 2018). Debe recordarse que este salvataje está ligado directamente a la pérdida de confianza de los acreedores sobre la recuperación prestado (más lo colocado en la plaza financiera), por lo que el blindaje es para pagarles.
Será tarea para la psicología social buscar las motivaciones que permitieron que la sociedad argentina tolere semejante retroceso en el conjunto de los derechos conquistados.
Mientras tanto, a pesar de las acciones de resistencia realizadas (paros, movilizaciones, piquetes, denuncias), las acciones predatorias generadas por el gobierno no paran sino que, al contrario, diariamente se generan actos administrativos y políticos que no resisten un análisis razonable.
En este marco se advierte con mayor claridad que un conjunto de decisiones económicas llaman a pensar que el fantasma de la dolarización es posible.
La progresiva dolarización de los precios de las tarifas de los servicios públicos y los combustibles, la apertura importadora, la liberalización total de la cuenta capital, prácticamente único caso mundial sin plazos ni restricciones para retornar las divisas, presagia el intento.
Se debe recordar que para hacer posible la convertibilidad en los años noventa fue necesario el plan Bonex de Erman González a fines de 1989. De esa manera se postergó la deuda cuasifiscal del Banco Central (los depósitos a plazos fijos renovables a corto plazo, equivalentes a las actuales LEBAC) a 10 años.
El plan actual de emitir LETES en dólares para reemplazar las LEBACS es el movimiento previo a intentar una nueva convertibilidad. Sólo restaría dividir la masa monetaria (billetes, monedas, cajas de ahorros, de cuentas corrientes y depósitos a plazo) por las reservas del Banco Central, para obtener una posible paridad de $ 47 pesos por dólar, aproximadamente.
Con ello se estaría devaluando tal y como lo sugirió el FMI, mejorando con ello la balanza comercial, y esperando que cese el proceso inflacionario en pesos, a partir del shock recesivo producido.
Cartón lleno.
Sólo restaría que la sociedad tolere la pérdida de la soberanía monetaria sin reaccionar, ya que si no tuvieran confianza deberían implementar restricciones a la entrega de dólares líquidos, y en consecuencia reeditarían el famoso corralito. El fantasma de Cavallo espanta, pero está presente nuevamente.